A fines de los años 50, la empresa británica Fairey Aviation presentó uno de los conceptos más ambiciosos de la historia de la aviación: el Fairey Rotodyne, un aparato que combinaba lo mejor de un helicóptero y un avión de pasajeros. Su rotor principal no estaba conectado a ningún motor, sino que giraba libremente impulsado por el flujo de aire, como una veleta gigante. Eso lo hacía mucho más veloz que cualquier helicóptero convencional, pero mantenía la capacidad de despegar y aterrizar en verticcal desde helipuertos urbanos.

Para poder mantenerse en vuelo estacionario, el ingenio usaba tip jets, pequeños chorros de combustión ubicados en las puntas de cada pala del rotor. Una solución técnicamente ingeniosa para la época, pero que trajo uno de sus mayores dolores de cabeza: el ruido era ensordecedor, casi comparable al de un avión comercial despegando. Operarlo en el centro de una ciudad, que era precisamente su razón de ser, resultaba impensable.
El segundo problema fue económico. Fairey Aviation no contaba con el capital suficiente para producir en serie los modelos que ya había vendido. En el contexto de la industria aeronáutica británica de aquel entonces, las empresas dependían fuertemente del financiamiento estatal, y una fusión forzada de compañías terminó diluyendo el proyecto. El gobierno retiró los pedidos y luego el financiamiento, sellando el destino del Rotodyne.
Lo más sorprendente del final de esta historia es que los prototipos y toda la documentación de investigación fueron físicamente destruidos. Una tecnología que podría haber redefinido la movilidad aérea urbana desapareció sin dejar rastro. Vale preguntarse si hoy, con los avances disponibles, un proyecto así tendría mejor suerte, o si los problemas de financiamiento y viabilidad terminarían llevándolo al mismo destino.
Aporte compartido por Alejandro Raúl Vucko. Fuente original: www.jalopnik.com.






