El Rolls-Royce Nene II es uno de esos motores que marcaron una época. Desarrollado en apenas cinco meses durante 1944, este turborreactor británico de compresor centrífugo fue capaz de duplicar el empuje de los motores de primera generación, alcanzando las 5.000 libras de fuerza. Su diseño, impulsado por Stanley Hooker y Adrian Lombard, fue una respuesta directa al desafío que representaba la aviación a reacción estadounidense de posguerra.
Más allá de sus impresionantes especificaciones técnicas —700 kg de peso, 22,2 kN de empuje a 12.400 RPM y una relación empuje/peso de 3,1:1—, el Nene tiene un lugar especial en la historia de la aviación: fue el motor elegido para impulsar el primer avión civil a reacción, un Vickers Viking modificado que levantó vuelo en 1948. También equipó al legendario De Havilland Vampire y al Canadair CT-133, entre otros.
Lo que muchos no saben es que este motor tiene una historia profundamente argentina. El I.Ae.33 Pulqui II, diseñado y construido en Córdoba bajo la dirección de Kurt Tank y el ingeniero Norberto Morchio, usaba precisamente un Nene II para rozar los 1.000 km/h. Cinco prototipos fueron construidos entre 1950 y 1959, y su presentación oficial ante el presidente de la Nación en el Aeroparque Jorge Newbery, en febrero de 1951, fue todo un acontecimiento histórico.

Hoy, un ejemplar de este motor se puede ver en el Museo Científico Tecnológico de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UNC, en Córdoba.
Aporte compartido por Alejandro Ángel Albertin. Fuente original: fcefyn.unc.edu.ar.





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